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INTEGRADOS

El avance  de Manta y el receso de Portoviejo son   evidentes, aunque el  adelanto  del puerto y    el retroceso del valle no son atribuibles a unas pocas personas, sino   a los conglomerados   como tales.  Ambos procesos tienen algunas variables.

En el caso de Manta, una de esas variables es el aprovechamiento  de las  fortalezas   más que la lamentación de las  debilidades. Otra variable es que la ciudad puerto no tiene arraigado exageradamente  el germen de la politiquería, que sí  la tienen otros pueblos de Manabí.

Pero quizá   el éxito  más  visible de Manta es haber consolidado  su  condición  de ciudad junto al océano, del   cual  explota   tres  factores fundamentales:  el  ictiológico, el portuario  y el turístico.

Con esas  tres  variables a su favor, más un buen manejo de  las coyunturas, sin ser precisamente  una ciudad política, Manta se ha consolidado.

En el caso de Portoviejo, la ciudad  no ha aprovechado  sus  fortalezas. Le dio la espalda al rio, principal referente  geográfico y que podría ser su carta estratégica  en el futuro. Le ha ido perdiendo  interés  a su  historia, que la señaló en el pasado  como una  villa de preferente sitial en  América.  No ha  sistematizado su comercio y su oferta de servicios. Y, finalmente, no ha aprovechado su  entorno  agrícola, permitiendo  que un desordenado   urbanismo arrase con lo que otrora  fue un valle fértil.

El asunto  no puede ser mirado como un triunfo para uno y una  derrota para otro, sin entender que   los efectos positivos  y/ o negativos de  ambos son  vinculantes.  Si revisamos  antecedentes, encontramos que cuando llegaron los españoles a estas tierras  se  encontraron con un   colectivo  unido por la laboriosidad  y la  integración.

Hace algunos años asistí  a  la inauguración  de un edificio en la ciudad de Manta. Estaba rodeado de un grupo  cuyo  tema de  conversación era la supuesta  pugna de las dos ciudades. Alguien   lanzó de   pronto  un  sarcasmo:  “Portoviejo es un barrio de Manta.”

Un  portovejense respondió:  “En este momento está  tocando un grupo musical de la capital provincial,  ustedes dependen de nosotros hasta en la parte artística “

Por supuesto estuvieron mal los dos.  Cayeron en aquel juego de palabras hirientes  en el que se han metido a participar  ciudadanos de ambos bandos, sin  analizar   que los cantones  Portoviejo y Manta  dependen el uno del otro por razones geográficas, culturales, naturales, etc. Y que lo que favorece o afecta a uno favorece  o afecta al otro  y viceversa.

Hoy tenemos perfectamente entendido que Portoviejo y Manta, que lideran el desarrollo de Manabí,  se necesitan.

No se concibe el desarrollo de Manta  sin la presencia del agua dulce que la ciudad puerto capta  del rio Portoviejo a través  de la planta de tratamiento de El Ceibal.  Sumando, encontramos que del agua del rio Portoviejo ser benefician 600 mil habitantes de varios cantones.

Así mismo, no cabría hablar del progreso  de Portoviejo sin la existencia de Manta, que mueve económicamente  este sector de la provincia,  generando circulantes que   irradian a sus vecinos, y que será   el puerto natural para exportar  la producción agrícola que, con o sin valor agregado,  salga de los valles del Portoviejo y del Ríochico,  cuando  se consolide el plan provincial que ponga a regar hectáreas,  recuperar áreas productivas   y  diversificar la producción.

Somos dos ciudades, cada una con fortalezas complementarias. Nos necesitamos   hasta para  enfrentar  amenazas  externas, naturales o antrópicas.  Y en ese contexto quedan fuera de foco  los chistes crueles  y las respuestas inoportunas.

En el caso específico de Portoviejo, lo que toca es repotenciar sus valores, establecer líneas  maestras, replantearse  para atacar  falencias y aprovechar  innegables fortalezas.

Somos  ciudades dependientes entre sí. Y   lo seremos más en el futuro.

(*) Periodista de vasta trayectoria y catedrático de la Universidad Particular San Gregorio de Portoviejo